Algunas historias se transmiten de una generación a la siguiente solo en secreto, en susurros, porque los hechos son demasiado horribles para narrarlos en voz alta. En una época de depravación, el apetito de un hombre horrorizó a todo el Imperio romano, el imperio que él mismo gobernó. Calígula construyó su leyenda sobre la sangre de su pueblo, un gobernante que comenzó como un hombre generoso, pero que terminó como el más degenerado de los monarcas.
Un nombre que se cita como ejemplo de cómo el poder absoluto puede corromper absolutamente. David Lapham presenta una nueva historia de Calígula, que no era solo un borracho poseído, sino un maestro moderno del horror. Lapham profundiza en el mundo de Roma del año 37 d.C junto con el talento del alemán German Nobile, que pinta con sangre la Roma de la época del emperador que, entre otras locuras, se comió a su propio hijo y se casó con su caballo (Sinopsis de la editorial).
Cuando vi el cómic anunciado entre las diversas novedades del mes pensé que se trataría de un cómic histórico, una recreación de la historia del emperador loco Calígula, tal vez tomándose alguna licencia artística. Algo que normalmente no me atraería, pero al recordar el film de Tinto Brass pensé que puede que fuera una lectura interesante. Al fin y al cabo, Calígula (Caligula, Tinto Brass, 1979) puede que no sea una buena película pero es tremendamente entretenida y divertida gracias a sus irrefrenables excesos.
No se trata de un cómic histórico, en eso me equivoqué. Pero que sería una lectura interesante, en eso acerté pleno.
La historia se nos narra desde el punto de vista de Junio, un joven que va a vender aceite a Roma y cuando vuelve se encuentra su familia vejada, violada, asesinada y masacrada (y no necesariamente en ese orden) por Calígula y unos amigos suyos. Junio planea entonces vengarse y decide ir a Roma en busca de Calígula para asesinarlo.
Muy bien, hasta aquí pensaba que sería una historia de venganza al estilo Charles Bronson, muy sangrienta y perversa, pero una habitual historia de venganza ambientada en la decadente Roma del 37 a.C. en la cual Calígula llevó a cabo sus desmanes.
Y entonces, cuando creía que ya sabía como avanzaría la trama, sucede algo al final del primer capítulo que me hizo caer de culo (figurativamente). Fue así como descubrí que este Calígula de David Lapham y German Nobile no se trata de un cómic histórico o una historia de venganza, es una historia de Terror (así, en mayúsculas).
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